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lunes, 9 de mayo de 2016

Richard Exner




Canto VII: La Última Noche

Tú serás
el último rostro
que vea. Yo
lo sabía cuando estaba
recostado debajo
de ti.

Abandonada Noche
en ti
me enredo.

Cuán sola
debes haber estado
para encerrarte
en piedra. Pero
has dado a luz
y bautizado con
lágrimas.

Abandonada Noche
con tu hermoso
cuerpo preferido
el cabello
trenzado castamente
donde tus hijos nunca
se han ocultado.

Noche, madre
rendida creatura, cuán
expuesta eres. Que
has dado a luz
no para júbilo ni
a querubines risueños, pero
sí, de la pura tristeza,
a un niño de llanto, de
fuego.

Noche,
no me sofoqué
en la recámara de piedra
de tus brazos y muslos.
Ya había nacido y
estaba respirando.


Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida,                                                    
porque nos amamos unos a otros.
El que no ama a su hermano, permanece en muerte.
1 Juan 3:14

Yo depongo
las armas de
la oscuridad.
Última Noche, no quiero
regresar a tu útero.
Me quiero estirar,
ser una mano asiendo lo invisible,
fuerte, contra el madero,
mi cuerpo sobre tus labios.
Mientras estoy vivo, quita
tus brazos de mis rodillas.
Hace tiempo que has
tejido mi
mortaja.
Mírame.
Siento que arriba
tu tristeza se va
al fin. Oigo
risas de niños.
Inclínate
más abajo. Aún con
tus ojos cerrados
podrás sentirme.
Mi mirada
se eleva constantemente
a tu rostro.


Salmos 135: 15
No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra

…y entonces tú
abriste, creaste el espacio
creaste una nueva tristeza, creaste
un manto impenetrable de
desesperación alrededor de mí y me lanzaste
a la
Noche.
Noche
expectante
de mí. El exilio
está siempre en
el camino de regreso a casa. Su
llegada es un mito:
Sin embargo estamos
ya
ahí.
Última Noche,
quien viene, nunca se va
otra vez, quiere dormirse alerta
a tu lado, traer tu cuerpo
de piedra al blanco calor otra vez y sentir
su hervor, su cabeza, su cabeza ya extendiéndose
fuera de ti, su boca ya alcanzando
las pestañas del alba.
Una vez más llegas.
Ten piedad.
Noche,
esta noche
nos acostaremos juntos
en las tierras altas
gastados por el frío
y el calor.
Aquí el alma
se funde
por el fuego y
el tremor de
la luz

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Canto VII: The Last Night

Yours will be
the last face
I see. I
knew it as I
lay beneath
you.


Abandoned Night,
I twisted myself
into you.


How lonely you
must have been
to enclose yourself
in stone. But
you have given
birth and baptized
with tears.


Abandoned Night
with the beautiful
proffered body
the chastely plaited
hair in which
your child never
hid.


Night, mother,
surrendered creature, how
exposed you were. That
you had to give birth
not to joy, or small
laughing cherubs, but
from pure sadness
to a child of tears, of
fire.


Night,
I did not suffocate
in the stony breech
of your arms and thighs.
I had already been born and
was already breathing.



We know that we have passed from death into life,
because we love one another.
He who loves not his brother abides in death.
1 John 3:14


I lay down
the weapons of
darkness.
Ultimate Night, I do not want to
return to your womb.
I want to stretch out,
become a hand seizing the invisible,
hard, against the wood,
my body upon your limbs.
While I am still alive, take
your arms off your knees.
You have long since
woven my
shroud.
Look at me.
I sense that above
you sadness ceases
at last. I hear
children’s laughter.
Bend
lower. Even with
your eyes closed
you will feel
me.
My gaze
rises constantly
to your face.


Psalms 139:15
My frame was not hidden from you,
when I was being made in secret,
intricately wrought in the depths of the earth.


… and then you
opened, created space,
created new sadness, created
an impenetrable cloak of
despair around me and hurled me
into the
Night.
Night
wait for
me. The exile
is always on the
homeward journey. His
arrival is a myth:
But then, we are
already
there.
Ultimate Night,
whoever comes, never to go
away again, wants to sleep himself alert
beside you, to bring your stone
body to white heat once again and feel
its seething, his head, his head already extending
out of you, his mouth already reaching
dawn’s eyelashes.
Arrival once more.
Have mercy.
Night,
tonight
we lie together
on the uplands
wasted by heat
and cold.
Here the soul
steels itself
for the fire and
the tremor of

light. 




  
Dr. Richard Exner, poeta alemán, prosista, traductor, y académico de literature alemana. (Niedersachswerfen, Alemania, 13 de mayo de 1929 – Berlín, 16 de Julio, 2008). 


De Night/Die Nacht: Seven Cantos, 2001 (traducción al inglés por Alan MacDougall y Roger Lydon), ciclo de poemas inspirados por “La nuit”/”The Night”, escultura de bronce de Aristide Maillol y dedicada a sus hijas.

El canto completo se puede leer en:  independent.com/cantovii.

Poemas e información traducida de:  http://www.independent.com/news/2008/dec/24/richard-exner-1929---2008/

viernes, 18 de marzo de 2016

día 4

No hay instintos básicos

Todo es una red de hilos delgados que se prolangan y enredan las cosas y los casos

Las copas de los árboles llaman a los rayos cargados de protones y neutrones también contenidos en la carne que deseo

Deseo hecho de hebras tejidas en los parques de la infancia y en las camas de hospitales, hecho de tijeras, de zapatos y  trompos, de la peluza vegetal de los flamboyanes que cubría los parques como campos de algodón

Algodón para la sangre que salía de la nariz por las bochornosas tardes de fútbol, y el balón manchado de sangre como la esfera que es el mundo

El mundo al que también quisiera patear y romper todas las ventanas de todas las escuelas y reirme a carcajadas como un ser irracional

Porque los seres irracionales son los que verdaderamente aman y patean balones y ríen y lloran y no saben que hay secretos

Yo tengo muchos secretos como tú también los tienes, y a veces soy irracional y quiero morderte y vivir dentro de ti como una bacteria o defender tus huesos y tu carne como lo haría un afarencis con su mamut

Pero también me da por pensar cosas enormes que no alcanzo abrazar, como un globo aerostático que se eleva y ve a los hombres diminutos perderse entre las copas de los árboles

Y me dan ganas de saltar y caer a un océano lleno de peces flourecentes escondidos en tu esternón y ya no pensar más ni tener más secretos, sólo cortar los hilos y poseerte

jueves, 11 de febrero de 2016

Mishima escribió un cuento sobre un muchacho que escribía poemas, pero no sobre mí

a Roberto Colis


       

Como escribí en el título, Mishima no dice que el joven fuera un poeta sino un muchacho que escribía con pasmosa facilidad

muchacho anémico de tanto masturbarse con su propia fealdad ignorada en el éxtasis de flores artificiales

Mishima escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de cuentos, 20 de ensayos, pero nunca un libro de poemas

Mishima se masturbaba (eso yo lo supongo) pensando en un muchacho que escribía poemas con pasmosa facilidad, anémico de tanto masturbarse

que “le interesaba la brevedad de las vidas de los poetas. Lo poetas deben morir joevenes”, escribió Mishima

“Arrebatado a la vida cuando vida y amor eran nuevos, / el más joven mártir yace aquí”, escribió Wilde en “La tumba de Keats”, lee el muchacho, escribe Mishima, transcribo yo

Mishima, “homofascista samurái”, como lo llamó cierto crítico, estaba obsesionado con la muerte, con San Sebastian y su martirio, los poetas románticos franceses y los cargadores de estiércol

El muchacho en el cuento de Mishima no sabe qué es el amor, es decir, nunca estuvo enamorado

Mishima estuvo a punto de casarse con Michiko Shoda, posterior esposa del emperador Akihito, pero se casó con Yoko Sugiyama y tuvo dos hijos, mas nunca dijo que supiera que es el amor

“¿Por qué no se suicidó Goethe? Si escribir y el suicidio son la misma cosa, ¿por qué no se suicidó? ¿Por qué era cobarde? ¿O porque era un genio?”, pregunta el muchacho en el cuento de Mishima

El 25 de noviembre de 1970, después de terminar su pasmosa tetralogía El mar de la fertilidad, Mishima y cuatro jóvenes valientes y fuertes como él, asaltaron el cuartel general de las Fuerzas de Autodefensa de Japón 

Al fracasar en su intento de golpe de estado, Mishima lleva a cabo el seppuku, la muerte ritual; no sin antes leer el jisei no ku, poema escrito especialmente para su muerte

“‘Algún día, tal vez, yo también deje de escribir poesía’, pensó el muchacho por primera vez en su vida. Pero todavía le quedaba por descubrir que nunca había sido un poeta”, escribió Mishima

Y yo, que no soy Mishima ni el muchacho que escribía poemas ni soy un poeta 

que escriba con pasmosa facilidad, desconozco lo que pensaba Mishima al momento del harakiri, sólo sé que Mishima 

era un poeta, que estuvo enamorado, como yo, de un poeta como Mishima.