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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Zooming a un balón en el aire: Poemas para Michael Jordan, de Francisco Ide Wolleter


Poemas para Michael Jordan, Francisco Ide Wolleter, LUMA, 2014. 

Los saltos asociativos pueden parecer delirantes a veces, sin embargo, como escribe Anne Carson en La belleza del marido (citando a Aristóteles): “la locura puede ponerse de moda”, sobre todo, cuando es un recurso efectivo para el propósito del autor. El principio de asociación (libre, obviamente), está ligado a la vanguardia, pero es utilizado también como un recurso para recuperar ideas o conceptos de la memoria. “En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria (insiste Aristóteles)”, insiste Carson, “es útil el principio de asociación. / «pasar rápidamente de un punto al siguiente. / Por ejemplo de leche a blanco / de blanco a aire, / de aire a húmedo»”, etcétera. Pero, ¿qué pasa si los recuerdos que se buscan no son nuestros?, ¿si los recuerdos y sentimientos de los que queremos hablar son de una persona que no es uno mismo, sino de alguien de quien no podemos tener acceso personal?

Esta es la compleja labor que se propone Francisco Ide Wolleter (Santiago, Chile, 1989), en su libro Poemas para Michael Jordan (LUMA, 2014): escarba en una memoria ajena para hacer poesía que retrate la vida del héroe del baloncesto. El recurso de asociación lleva a descubrir supuestos recuerdos que son tan posibles como lógicos e íntimos. El resultado del texto conduce también a una característica principal de la poesía: el extrañamiento del lenguaje, la desautomatización de cualquier tipo de discurso, en este caso, el del deporte. En los poemas del libro, la voz lírica identificada con Michael Jordan, confiesa, oculta y juega con descripciones de su vida dentro y fuera de las canchas, hasta realidades universales y a veces a reflexiones epifánicas efectivas.

        Otro de los recursos literarios en el libro es la aproximación espacial como un zoom a realidades congeladas ante nuestra vista, la exposición microscópica y atómica de lo que pasamos por alto, pero traídas a lo manifiesto mediante la asociación, que conduce al enrarecimiento de los discursos con los que se juega:

la tersura porosa del balón
me hace pensar en la piel humana

nostalgia por el contacto
aunque el contacto sea siempre ilusorio:

lo cierto es que estamos formados de átomos
hechos de vacío
y que los átomos se repelen entre sí

por eso no nos mezclamos con las cosas,
por eso cuando tocamos
realmente no tocamos nada

La asociación está encadenada en forma de alegorías y símiles, donde entidades externas (referencias deportivas y mediáticas) vuelven a las imágenes en espectros digitales desaceleradas, como delays de una grabación con una cámara televisiva: “cada movimiento mío implica / volver el estadio una vía láctea […] salto ciego a clavar el balón en el aro / y el tiempo se alarga, dramático”. Las figuras retóricas obedecen a asociaciones libres, comparaciones que parecen fortuitas (“un campo de ranas arrasado por una / aplanadora”), pero que en su orden acumulativo lleva al poema a la construcción de imágenes de una flexibilidad atléticas, de un peso a veces violento o en otras ligero como aire (“ese gigante negro sobre el pasto / de la cancha de golf / no es otra cosa / que la sombra de un enano”). Imágenes en un juego de campos semánticos que se cruzan, con objetivos que rivalizan como equipos deportivos que luchan para que el balón, objeto significante, alcance su objetivo de significado plural.

        Las referencias temporales y espaciales de distintas áreas se mueven ante los ojos y nutren  los textos como el zapping televisivo, pero van hilvanando un sentido que siempre vuelve a los pies y manos de Michael Jordan, jugando un partido de baloncesto en la misma cancha que Dennis Rodman, Kasparov, Rocky Balboa, Tom Hanks, Bob Dylan o Snoop Dog, de manera aleatoria. Este Jordan juega con las imágenes como si fuera un niño, rompe todo y lo vuelve a armar de distintas formas. Se disecciona, fantasea, manipula el tiempo y el espacio, es un demiurgo ante lo privado (la familia, el amor, el sexo) y lo público (la fama, las habilidades, el mundo). Repentina y constantemente en los poemas del libro aparece la idea de la muerte, que explota como un balón en medio del juego; el terror súbito de la extinción estalla en las manos del jugador. La seriedad, el fin del juego, el fin de la infancia, un balón abandonado en una cancha vacía. Sin embargo, vuelve: más que el juego, el mecanismo del juego (y de la realidad), sus sutilezas y contrastes.


      Este desdoblamiento permea todo el libro, salvo, quizá, el indicio del poema 18, donde la voz lírica imagina a un sujeto que revisa los vídeos de Jordan haciendo sus “famosas clavadas / que desafían a la física”, pero la extrañeza (otra vez) viene en la conexión entre Micheal Jordan y un posible observador y autor de su realidad, que es un simple vaso de leche, conexión tangible y a la vez artificiosa. 

         A lo largo del libro este desdoblamiento permanente permite reconciliar aspectos contradictorios y complementarios: la “naturaleza” es la misma para el balón como para el hombre: la técnica y el estilo tiene el mismo peso que el de los árboles, “un gato u otro animal de signo géminis”, porque se semantiza y  vuelve juego verbal cualquier orden animado e inanimado, quieto, silencioso, obvio, sutil, racional o irracional. Todo se confronta y se amalgama para ocupar lugar en los recuerdos de dos personas que no siendo, están presente en cada verso (tanto Micheal Jordan como el autor): “dos simetrías enfrentadas // la sinestesia de la avispa con un tigre / en su aparato digestivo // es un préstamo, una especie de / desdoblamiento, / negociación y plasticidad de la materia”.

Miguel Ángel Díaz

Descargue gratis Poemas para Michael Jordan en: http://poetrywillbemadebyall.ch 

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